El desarrollo infantil no sigue un único camino, pero sí deja señales claras cuando algo necesita atención. En esta conversación con la Dra. Karel Guevara, se aborda uno de los temas que más inquietud genera en padres y cuidadores: cómo diferenciar entre el trastorno por déficit de atención y el trastorno del espectro autista, y cuándo ambos pueden coexistir.
Comprender estas diferencias no se trata de etiquetar, sino de actuar con precisión. Mientras que en el TDAH predomina la impulsividad y la dificultad para frenar conductas, en el autismo el reto suele estar en la comprensión de las normas sociales y la flexibilidad cognitiva. Esta distinción, aunque técnica, tiene un impacto directo en la vida diaria del niño: en cómo juega, cómo aprende y cómo se relaciona con su entorno.
Uno de los mensajes más valiosos es la importancia de observar sin minimizar. Frases como "ya se le pasará" o "cada niño tiene su ritmo" pueden retrasar decisiones clave. Señales como dificultad para mantener la atención, cambios constantes de actividad o falta de interacción social no deben ignorarse, especialmente cuando se repiten en el tiempo. Detectarlas temprano permite aprovechar la neuroplasticidad del cerebro infantil y abrir oportunidades reales de desarrollo.
El abordaje, como bien explica la especialista, nunca es individual. Requiere un equipo multidisciplinario que puede incluir neuropsicología, neurología, terapia de lenguaje y acompañamiento escolar. Más allá del diagnóstico, el verdadero valor está en el acompañamiento continuo, en adaptar el entorno del niño y en ofrecer herramientas que potencien sus capacidades.
Finalmente, este episodio deja una reflexión poderosa: buscar respuestas no es precipitarse, es cuidar. En un mundo donde la información está al alcance, tomar acción a tiempo puede marcar la diferencia entre la incertidumbre prolongada y un camino claro hacia el desarrollo y bienestar del niño.